Experiencias
Qué hacer en Todos Santos: pueblo mágico para el viajero que ya conoce Los Cabos
11 de agosto de 2026
Hay un punto en la carretera 19, entre Cabo San Lucas y La Paz, donde el desierto baja hasta tocar el Pacífico y aparece algo que no debería existir ahí: un palmar. Todos Santos creció alrededor de ese oasis, un pueblo de calles de ladrillo y casonas del siglo XIX que vivió del azúcar —en 1850 llegó a tener ocho ingenios—, casi desaparece cuando el agua escaseó, y renació décadas después como refugio de surfistas, artistas y agricultores. Por su latitud pasa, literalmente, el Trópico de Cáncer, con monumento sobre la carretera.
Desde 2006 tiene la designación de Pueblo Mágico, y desde mucho antes tiene algo más difícil de otorgar por decreto: un ritmo propio. Está a unos 80 kilómetros tanto de La Paz como de Cabo San Lucas, cerca de una hora de camino desde cualquiera de los dos: lo bastante cerca para llegar fácil, lo bastante lejos para que ninguno lo contamine. Esta guía es para quien ya hizo Los Cabos, ya vio el Arco desde una lancha, y sospecha que la península guarda algo más silencioso. Lo guarda.
Cómo llegar
Los dos aeropuertos útiles son el de San José del Cabo (SJD), con la mayor oferta de vuelos nacionales e internacionales, y el de La Paz (LAP), más pequeño y a menudo más barato desde CDMX y Guadalajara. Desde cualquiera de los dos, el trayecto a Todos Santos toma entre una hora y una hora y media por la carretera 19, una vía federal en buen estado que corre pegada a la costa del Pacífico.
Nuestra recomendación es rentar auto. Todos Santos se camina bien en su centro histórico, pero lo mejor del destino —las playas, Pescadero, los puntos de surf, las liberaciones de tortuga— está repartido en unos 20 kilómetros de costa y los taxis locales son escasos. Un auto compacto es suficiente; solo algunos accesos a playa son de terracería suave. Si vienes de fuera y no sabes qué meter en la maleta, tenemos una lista de equipaje para Baja California Sur que evita los errores caros.
Itinerario sugerido: tres días
Día 1: el pueblo y el atardecer
Dedica la tarde de llegada al centro histórico: la plaza, el templo de Nuestra Señora del Pilar —heredero de la misión de Santa Rosa de Todos Santos, fundada por los jesuitas en 1733—, el teatro Márquez de León y las galerías que le dieron al pueblo su reputación de enclave de artistas. El Hotel California está aquí y merece una parada honesta: la conexión con la canción de los Eagles es leyenda y no historia documentada, pero el edificio y su bar tienen encanto propio que no necesita el mito. Cierra el día en Punta Lobos, la playa de los pescadores, cuando las pangas regresan con la marea y los pelícanos hacen fila detrás de cada lancha. Es playa de trabajo, no de baño: la ola rompe directo sobre la arena.
Día 2: surf y playas
Antes de meterte al mar. La costa de Todos Santos es Pacífico abierto, no mar de alberca. San Pedrito, La Pastora, La Máquina, Punta Lobos y la playa frente al pueblo tienen corrientes de retorno y rompiente directa sobre la orilla: no son playas para nadar, por buen nadador que seas. Playa Los Cerritos y Las Palmas son las excepciones razonables, pero tampoco tienen salvavidas permanente y también generan corrientes con marea grande. Métete solo donde veas gente local en el agua, nunca solo, y si te atrapa una corriente no nades contra ella: flota, nada paralelo a la orilla y sal en diagonal.
Dicho eso, la mañana es para el agua. Si nunca has surfeado, Playa Los Cerritos, unos 13 kilómetros al sur, es uno de los spots más accesibles de la península para aprender: olas nobles, fondo mayormente de arena y escuelas de surf en la misma playa. Si ya tienes nivel, San Pedrito y La Pastora ofrecen point breaks sobre fondo de roca que en invierno reciben el swell del Pacífico norte con seriedad. La tarde puede irse en Pescadero, el valle agrícola vecino, entre huertas y una escena gastronómica que compite con la del pueblo.
Día 3: tortugas, huertas y despedida
Del otoño al invierno —aproximadamente de septiembre a marzo, según la especie y el año— las playas de Las Playitas y Agua Blanca son escenario de las liberaciones de crías de tortuga al atardecer, coordinadas por Tortugueros Las Playitas A.C. Es gratuito, ordenado y probablemente el recuerdo más duradero que te llevarás del viaje. Confirma fechas y hora con la organización antes de ir: no hay calendario fijo.
La mañana previa cabe perfecto un desayuno de huerta y una última caminata por La Poza, la laguna costera de agua dulce junto al mar, a un paso del pueblo, donde se concentran aves acuáticas y residentes del oasis. El acceso es libre y a pie; no hay servicios ni señalización, así que ve temprano y con agua.
Dónde hospedarse
Akampa no opera campamento en Todos Santos, así que este es el ecosistema honesto del destino. Paradero Todos Santos es la referencia de lujo contemporáneo: arquitectura de concreto y jardín entre campos de cultivo en Pescadero, solo adultos. Hotel San Cristóbal, asomado a la playa de Punta Lobos al final de un camino de terracería, tiene el mejor equilibrio entre diseño y ubicación frente al mar. En el centro, Guaycura Boutique Hotel, en una casona de ladrillo del siglo XIX, y el propio Hotel California permiten vivir el pueblo a pie. En el rango medio hay una oferta amplia de casitas y hoteles boutique por renta directa; las tarifas se disparan de diciembre a Semana Santa, así que reserva con meses de anticipación si viajas en temporada alta.
Dónde comer
La cocina es, junto al surf, la razón por la que Todos Santos dejó de ser un secreto. Jazamango, del chef Javier Plascencia, es la mesa insignia: cocina de huerto y horno de leña en un jardín en Las Huertas. Reserva, sobre todo en temporada alta. Hierbabuena, en Pescadero, lleva el farm-to-table al extremo lógico: la ensalada que pides estaba plantada a veinte metros de tu mesa (cierra los martes y todo septiembre). Para el antojo sin ceremonia, los tacos de pescado y camarón de Barracuda Cantina, en Pescadero a un paso de Playa Los Cerritos, resuelven cualquier mediodía después del surf. Y para cenar con calma, el centro tiene varias mesas de mantel en casonas restauradas alrededor de la plaza: camina la calle Centenario al atardecer y elige la que tenga el patio más lleno.
Otras actividades
Arte y galerías
La reputación artística de Todos Santos no es marketing: desde los años ochenta el pueblo atrajo pintores y escultores que abrieron talleres en las casonas del centro, y hoy el circuito de galerías se recorre a pie en una tarde. Cada temporada el calendario cultural se activa: el Festival de Cine Todos Santos, que proyecta cine mexicano y latinoamericano en el histórico Teatro Márquez de León; el Tropic of Cancer Music & Arts Festival en enero; y el Festival de Arte de Todos Santos, con recorridos abiertos por los talleres de los artistas del pueblo. Las fechas se mueven de un año a otro, así que revisa los calendarios oficiales antes de armar el viaje.
Pescadero y las huertas
El valle de Pescadero, diez minutos al sur, es la despensa de la región: campos de albahaca, fresa y hortalizas que abastecen a los restaurantes del pueblo. La forma real de conocerlo no es un tour de granja sino una mesa: varios restaurantes de la zona cultivan su propia huerta a metros del comedor y sirven lo que se cosechó esa mañana. Reserva, sobre todo en temporada alta.
Avistamiento de ballenas desde la costa
De mediados de diciembre a abril, con el pico entre enero y marzo, la ballena gris pasa frente a Todos Santos en su migración hacia las lagunas de Baja California Sur. Desde puntos altos de la costa, La Pastora entre ellos, se ven los soplos sin necesidad de lancha. Para verlas de cerca y en su santuario, el destino es Bahía Magdalena, más al norte.
Para quién es (y para quién no)
Todos Santos es para quien viaja por texturas: la luz de la tarde en una calle de ladrillo, una ola sin nadie más, una cena que empezó en la huerta de al lado. Es para parejas, para viajeros solos con libreta, para quien quiere surfear en serio o aprender sin público. Es, en el fondo, el mismo tipo de viaje que defendemos cuando explicamos cómo recorrer Baja sin caer en el all-inclusive.
No es para quien busca vida nocturna, resorts todo incluido ni mar de alberca. Si tu viaje ideal es no salir del hotel, hay mejores destinos; aquí el hotel es solo la base.
Mejor temporada
De octubre a abril el clima es seco y templado y el swell de invierno enciende los point breaks. De septiembre a marzo corren las liberaciones de tortuga, y de diciembre a abril pasan las ballenas grises frente a la costa. El verano es más caluroso y húmedo, con olas más nobles para principiantes y el pueblo en su versión más local. Agosto y septiembre son temporada de huracanes en la península: no es razón para no ir, pero sí para viajar con flexibilidad.
Errores comunes
El más frecuente: tratarlo como excursión de tres horas desde Los Cabos. Se ve el letrero, se come un taco, se compra una artesanía y no se entiende nada. Todos Santos se revela de noche y temprano en la mañana, cuando los tours ya se fueron. El segundo: nadar donde no se debe; las corrientes del Pacífico aquí no negocian, pregunta siempre en tu hotel o a los locales antes de meterte al mar. El tercero: ir sin auto y esperar moverse fácil. Y el cuarto: dejar la cena de Jazamango o Hierbabuena para "el último día" sin margen; los buenos lugares se llenan en temporada alta.
Una nota sobre conservación
En Las Playitas, unos kilómetros al norte del pueblo, trabaja desde hace años Tortugueros Las Playitas A.C., una organización local dedicada sobre todo a la tortuga laúd —la más grande y una de las más amenazadas del planeta—, aunque protege también a la golfina y la negra. Su método es artesanal y serio a la vez: patrullan las playas de anidación, trasladan los nidos a un invernadero de incubación que los protege de depredadores y saqueo, y liberan las crías al atardecer con la comunidad y los visitantes como testigos. En una sola temporada pueden llegar al mar decenas de miles de crías que sin ese trabajo no habrían nacido.
Nos importa contarlo porque es la misma tesis que sostiene todo lo que hacemos: la conservación funciona cuando una comunidad vive mejor gracias a ella. En Todos Santos, cada visitante que asiste a una liberación, dona o adopta un nido convierte su viaje en parte del mecanismo. Ese es el turismo que queremos que exista.

Todos Santos y el mar que sigue al norte
Nosotros no operamos en Todos Santos, y justo por eso lo recomendamos sin conflicto: es la mejor puerta de entrada al Pacífico sudcaliforniano y combina naturalmente con nuestras expediciones. El mismo océano que forma las olas de San Pedrito se convierte, unas horas al norte, en Bahía Magdalena: manglares, dunas y uno de los fenómenos marinos más intensos del planeta. De octubre a diciembre, ahí ocurre el Marlin & Sardine Run —cardúmenes de sardina acorralados por marlines, lobos marinos y aves en aguas abiertas— y nuestro campamento de bajo impacto opera en primera fila.
Y si lo que te movió fue el Mar de Cortés del otro lado de la península, ahí está La Ventana, y más al norte el arrecife de Cabo Pulmo, que se recuperó porque un pueblo decidió dejar de pescar.
Si Todos Santos te deja con ganas de más Pacífico (nos pasa a todos), el siguiente paso natural es ese.
👉 Conoce la expedición **Marlin & Sardine Run en Bahía Magdalena** o explora el Ocean Safari para vivir la bahía completa, y revisa el calendario de próximas salidas.
*Nos vemos afuera.*